Un blogger, también conocido como bloguero en español, es el autor de un blog o bitácora, es decir,
una página web a modo de diario en la que se publican artículos periódicamente,
ordenados de forma cronológica. Un blog puede ser creado por un solo autor, o
puede ser el fruto de las contribuciones
de distintos bloggers. Los bloggers se encargan de administrar los comentarios
de los lectores, estableciendo un diálogo con ellos, siendo esta una de las
características más interesantes de los blogs. Un blogger puede firmar su blog
con su propio nombre o con un nick o apodo.
¿Quién puede convertirse en blogger?
Cualquier persona con acceso a Internet puede convertirse en
blogger. Una de las grandes ventajas de los blogs es que, gracias a su fácil
manejo y a su registro gratuito, cualquier usuario puede convertirse en una
especie de “periodista anónimo”. Los temas de un blog pueden ser muy variados:
desde diarios personales, hasta temas políticos, científicos, tecnológicos,
educativos o periodísticos. Incluso los propietarios de pequeños negocios
pueden disponer de un espacio en Internet dedicado a su empresa totalmente
gratis.
¿Qué necesito para convertirme en blogger?
Básicamente, lo único que necesitas para convertirte en
blogger es una conexión a Internet, tiempo para dedicarle a tu blog y tener
algo que contar. Actualizar un blog puede ser una forma de entretenimiento muy
productiva, que mantendrá tus inquietudes y tus ganas de estar al día. Además,
a través de tu blog puedes atraer lectores, lo cual es una buena manera de
conocer gente interesante y hacer amigos. Si finalmente decides crear un blog,
te deseamos mucha suerte en tu nueva vida virtual.
Creo que vivimos una época de falta de vocaciones, dónde muchas veces prima el encontrar un trabajo, el que sea, por encima de todo, si llegar a él resulta menos complicado que a otros objetivos meramente profesionales. Frente a esto, hay montones de maestros entregados de verdad y de aspirantes a maestro que, como yo, ya lo son, todavía sin serlo… Pasar una oposición, o conseguir una simple entrevista de trabajo en un colegio privado o concertado, puede convertirse en una tarea tremendamente complicada. Valores como la vocación, temprana o tardía, el tener una importante experiencia de vida y disciplinar, o el haberse esforzado en el trabajo diario durante la carrera para tener un buen expediente académico, quedan frecuentemente supeditados a factores poco éticos que, como todos conocemos, no voy a enumerar ahora.
Pero lo principal, lo más importante en un colegio o instituto, son y han de ser sus alumnos. Formarlos de verdad, en conocimientos, pero sobre todo en valores, debería ser la principal prioridad de cualquier equipo directivo antes de contratar a quien puede ser una pieza clave en el prestigio y la calidad de un colegio. Esto, lógicamente, requiere un mayor esfuerzo inicial, al tener que leer detenidamente más currículums, antes de tirarlos directamente a la papelera, presuponiendo demasiadas cosas en lugar de interesarse por conocer a la “persona”. Hacer más entrevistas a aspirantes a maestro y hacerlas sin ningún tipo de predisposición negativa y sin favoritismos, muchas veces erróneamente establecidos, pueden marcar la diferencia entre la mediocridad y la excelencia de un centro educativo.
En mi caso, como muchos otros maestros aspirantes a serlo, considero que muchas de las cualidades y características personales que nos llevaron en su día a emprender este sueño, tan bello como sacrificado y sincero, deberían ser tenidas en cuenta en cualquier proceso selectivo. Las que citaré a continuación son las que, de la forma más objetiva posible, considero ideales y referente para cualquiera que quiera aspirar a ser maestro. Ninguno cumpliremos todas, al menos al cien por cien, pero, personalmente, son las que creo que tenemos que tener ahí, siempre, como objetivo a alcanzar. Dependiendo de los casos, y de las potencialidades y personalidades de cada uno, puede que unas se puedan contrarrestar con otras junto con trabajo y dedicación y, sin duda, es fácil que me deje alguna en el tintero. Por ello, antes de comenzar, invito desde aquí a que si alguien echa en falta cualquier aspecto, o quiere matizar algo, no tiene más que añadirlo directamente como comentario, enriqueciendo así una entrada que puede ser muy útil y positiva para todos.
1. Características y rasgos personales
Independientemente de su cualificación y preparación profesional, el maestro debería acercarse a un perfil personal lejos del cual difícilmente podrá llegar a ser un buen docente, especialmente cuando los educandos van a ser niños.
Los rasgos y características que considero más importantes en este perfil personal deseado, serían los siguientes, algunos de los cuales, por su relación entre sí los incluyo agrupados:
Cordialidad y cercanía
En primer lugar y si nos planteamos el papel del maestro incluso desde su primer encuentro con los que van a ser sus alumnos, éste ha de ser Cordial, Cercano y lo más Simpático posible. No hay que olvidar que se va a encontrar con niños “expectantes”, algunos hasta ligeramente asustados ante el posible cambio de maestro, del que muchas veces no saben nada, en el nuevo curso que van a comenzar.
El maestro tiene que conseguir con su trato que los niños no tengan miedo a preguntarle y pedirle consejo cuando sea necesario. Si descontamos las horas de sueño, en algunos casos, el niño va a pasar más tiempo con el maestro que con sus padres, y a veces de forma mucho más intensa y comunicativa. Dejando aparte la relación de enseñanza-aprendizaje que van a tener y a la que haremos alusión cuando tratemos el perfil profesional del maestro, es fundamental “romper el hielo” en la necesaria relación humana que se va a establecer.
Entereza y autoridad
Sin desmerecer las anteriores características mencionadas y en necesario equilibrio con ellas, quiero destacar la entereza y más aún la autoridad que ha de saber tener el maestro, por muy dura que suene la palabra. Especialmente, si las contraponemos con la Simpatía, el maestro ha de evitar “pecar” de ésta en exceso, por la facilidad que tienen los niños para “perder los papeles”.
El respeto que va a ser necesario en la educación global de los niños, tiene que mantenerse siempre como referente por parte del docente, y aunque éste habrá de ser mutuo, será el maestro, especialmente en los primeros cursos, quién tendrá que establecer los límites en el aula; y, para ello tendrá que saber mantenerse firme cuando sea necesario y cuando la distinción de su rol corra peligro, por supuesto, siempre lejos de cualquier signo de violencia.
Paciencia
El maestro ha de ser paciente. Una de las bases de la educación actual es que no hay dos niños iguales. Sus ritmos de trabajo, sus comportamientos en clase y todos los factores externos que puedan afectar a su aprendizaje, provocan lógicos desfases en las necesidades temporales de aprendizaje de cada uno. Unos necesitarán más tiempo y otros menos para hacer las tareas y comprender lo visto en clase. Tenemos que ser pacientes por igual, tanto con los que terminan demasiado pronto y requieren algo más, como con los que necesitan más tiempo y que les repitamos de nuevo cualquier explicación. Nuestro apoyo ha de ser firme y constante y nunca tenemos que dar nada por perdido ni mostrarles una falta de confianza hacia ellos.
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Entusiasmo y entrega
Aun acercándonos mucho a un rasgo profesional, yo hablaría aquí incluso de vocación. El maestro debe mostrar entusiasmo y entrega en su trabajo diario porque su materia de trabajo es lo más sensible del mundo, los niños, acreedores de todo el esfuerzo necesario por su parte. Si un maestro tiene vocación, su profesión le entusiasmará y se entregará al máximo y, como decía hace un momento, la paciencia no será algo que tenga que forzar artificialmente, porque estará cumpliendo una función que le llena.
Al igual que debería ocurrir, por ejemplo, con los médicos, y aunque por motivos distintos, los maestros no hacen un trabajo rutinario que puedan desarrollar fríamente, sin humanidad y sin pasión, ni siquiera basta con que el entusiasmo se sienta por dentro, porque es algo que tienen que transmitir. Los alumnos, en este caso, deben de ser conscientes en todo momento de que se les está tomando en serio y de que el maestro no está, simplemente, cumpliendo un horario y deseando terminar su “trabajo” para irse pronto a casa.
Tal vez, de los rasgos comentados hasta ahora, sean estos últimos de los que más carecen muchos maestros en la actualidad. Y ni la sobresaturación y desproporción de alumnos en las aulas, ni la falta de medios en algunos colegios, deberían ser excusa para ello.
Humildad
Antes hablaba de respeto y autoridad, y es evidente que se van a dar momentos donde estos rasgos son muy necesarios, como ya hemos visto. Pero al igual que contraponía dichos rasgos con la simpatía, para mantener un equilibrio correcto, también hay que saber ser humildes cuando sea pertinente.
La humildad puede ser hasta positiva para mantener el respeto y la autoridad, porque aumentará la confianza de los niños en su maestro como referente en el aula, que también es humano y también se equivoca.
Son muchas las tareas y exámenes que tendrá que corregir, y por su lógica cualidad humana, en ocasiones se producirán errores que habrá de subsanar con humildad y rapidez. Es un valor muy importante que ha de transmitir a sus alumnos también en su actitud cotidiana ante ellos. “Yo no soy un ser superior a vosotros, y lo que digo no va a misa, sino que soy humano y también me puedo confundir”.
Facilidad de comunicación
El maestro debe tener lo que coloquialmente se llama, “don de palabra”. No hay que olvidar que en el proceso comunicativo que se establecerá cada día en el aula, él desempeñará la mayor parte de las veces el papel de “emisor”. Pero también será a menudo “receptor” y recibirá constantes respuestas que, sobre todo en los primeros cursos de los niños, no siempre estarán claras, a veces incluso serán tremendamente confusas, y él las debe saber interpretar en la medida de lo posible para poderles corregir positivamente.
Además, no hay que olvidar que sus alumnos no serán sus únicos interlocutores. Se tendrá que comunicar periódicamente con sus padres, tanto colectiva como individualmente, y deberá hacerlo con fluidez y propiedad, porque esa misma seguridad y entusiasmo que debe transmitir a sus alumnos, la debe mostrar, en mayor grado si cabe, cuando se comunique con sus progenitores, que a veces acudirán “a la defensiva”, justificadamente o no, a las reuniones.
Igualmente, las reuniones y participaciones en los equipos docentes del colegio, donde tendrá que participar activamente, serán otro “campo de batalla” donde tendrá que mostrar una adecuada fluidez verbal.
Creatividad y decisión
Son dos rasgos diferentes, pero he preferido comentarlos juntos, porque de nada le sirve a un maestro ser creativo a la hora de enfrentarse a situaciones de difícil solución o de hacer propuestas didácticas interesantes, si no tiene la capacidad de decisión suficiente como para llevarlas a cabo.
El maestro se va a encontrar a menudo con situaciones en las que, con los recursos establecidos o habituales, no será capaz de encontrar soluciones rápidas o eficaces. Es aquí donde su creatividad e imaginación va a ser importante para “sacarse de la manga” propuestas de solución viables. Esta creatividad también le resultará muy útil a la hora de hacer planteamientos didácticos novedosos o interesantes, aunque en este caso estaríamos hablando de la aplicación de la creatividad a su perfil profesional.
Pues bien, tanto en un caso como en otro, así como en situaciones totalmente ajenas a la creatividad, ha de tener suficiente capacidad de decisión para llevar a cabo sus propuestas. Esta capacidad le será igualmente necesaria cuando tenga que solicitar medios o equipos necesarios y disponibles para mejorar su trabajo.
Ser abierto y reflexivo
Al igual que es importante la creatividad cuando las buenas ideas parten de él, no siempre va a ser así, sino que, por el contrario, el maestro va a ser el receptor de ideas creativas, a veces aparentemente disparatadas, pero no por ello y en todos los casos faltas de interés. En estos casos es importante que se muestre abierto y reflexivo para valorar la viabilidad de las ideas propuestas antes de descartarlas de entrada.
De la misma forma, en su relación directa con sus alumnos, muchas veces recibirá respuestas ambiguas, pero no del todo imprecisas, que tendrá que saber valorar en función del contexto y la situación personal de los niños. Es importante mencionar también que esa actitud, si hace bien su trabajo, también la puede transmitir positivamente a sus alumnos a la hora de que puedan utilizar “sus propias palabras” para responder a cuestiones que se les planteen.
Lo mismo ocurre con su capacidad de reflexión. No va a tener que imponer conceptos de difícil comprensión a sus alumnos “porque sí”, sino que debería ser lo suficientemente reflexivo como para analizar y plantear las cuestiones paso a paso y de forma lógica, para favorecer un aprendizaje eficaz y duradero. Y debería saber transmitir a un tiempo, con el ejemplo, esa capacidad reflexiva a sus alumnos.
Capacidad de trabajo
Hay que romper con el tópico de que el trabajo de maestro es una tarea fácil. Nunca debería haberlo sido. Estamos, o deberíamos estar, lejos del maestro que se sentaba o se sienta en la mesa a leer el periódico o, en su versión moderna, a navegar o “naufragar” por internet, con temas personales o ajenos a su función docente, mientras los niños hacen sus tareas, sin preocuparse de las necesidades individuales de cada uno de ellos. Aún durante las tareas individuales, siempre requieren de nuestra observación y apoyo, y eso no quiere decir que en un momento dado no podamos hacer simultáneamente otras tareas que nuestro trabajo requiere, como el de buscar información o datos para enriquecer una próxima explicación, corregir ejercicios, planificar la siguiente clase, etc. pero, siempre, sin dejar de estar pendientes de la clase.
Aparte de esto, muchas veces, tendremos que trabajar en casa. ¿Cuál es el problema? Se supone que nos gusta lo que hacemos y tenemos que disfrutar con ello. Yo no concibo, cuando tenga la fortuna de ser tutor de un grupo de primaria, no estar deseando investigar “dentro y fuera del colegio” para mejorarme a mí mismo y a mis alumnos…
Seguridad en sí mismo
Para terminar, se trata ésta de una característica también necesaria y complementaria a algunas de las anteriores. Para tener capacidad de decisión, el maestro tiene que tener seguridad en sí mismo, si no difícilmente se va a atrever a tomar decisiones complejas. A la hora de tener que ejercer su autoridad y mostrar entereza, esa seguridad en sí mismo también le facilitará las cosas.
En definitiva y como decía al principio, estos serían algunos de los rasgos y características personales que debería tener el maestro.
2. Características y rasgos profesionales
En este apartado, y como ya he mencionado, podrían tener también cabida algunas de las características personales mencionadas, como el ser reflexivo y la capacidad de comunicación, características ambas que se pueden adquirir o mejorar con la formación apropiada, en caso de que sea necesario, por su carácter fundamental en la docencia.
Vamos a centrarnos, en cualquier caso, en comentar y analizar aquí las características profesionales no comentadas anteriormente.
Buena preparación y disposición a la formación continua
Como decía en el anterior apartado, a la hora de establecerse la comunicación entre el maestro y los alumnos, el primero iba a desempeñar en la mayor parte de los casos el papel de “emisor”, pero es evidente que para poder transmitir adecuadamente una información como puede ser el contenido de una materia, y para que la transmisión sea eficaz, el maestro tiene que tener la formación adecuada, lo más completa posible sobre cada una de las materias que tiene que impartir.
A lo largo de sus estudios de magisterio, habrá adquirido muchos de esos conocimientos, tanto prácticos como teóricos, pero estos no siempre serán suficientes. Además de una lógica y continua labor de recordatorio para mantener frescos sus conocimientos, el maestro deberá tener una adecuada predisposición a continuar formándose, prácticamente de forma ininterrumpida. Con las materias habituales, en áreas como “Conocimiento del medio”, los cambios son bastante habituales, pero además, en cuanto a complementos educativos y uso de nuevas tecnologías en el proceso de Enseñanza-aprendizaje, no cabe duda que la época que vivimos requiere un esfuerzo permanente para estar al día.
Desde el manejo de aparatos electrónicos e informáticos, hasta el conocimiento y control de diversos programas de software, que evolucionan cada año, la formación continua ha de estar presente a lo largo de toda la vida de un maestro.
Capacidad investigadora
En esa formación continua en que se debe implicar el maestro, él puede jugar un papel directo y protagonista en cuanto a su propia capacidad investigadora. No todo el conocimiento, que le va a venir bien añadir al que ya tiene, se lo van a dar “mascado”, sino que él mismo, con su propio esfuerzo e investigación deberá tomar las riendas en un auto-aprendizaje teórico y práctico que le ayudará a dinamizar y amenizar las clases.
Como he dicho repetidamente, algunos rasgos personales están muy cercanos o vinculados a otros profesionales. En este caso, si un maestro es creativo y tiene entusiasmo y entrega, su labor investigadora será mucho más sencilla, y su predisposición a la misma puede ser permanente. La investigación lleva tiempo y esfuerzo, y hay que tener también una capacidad de entrega y de trabajo importantes para llevarla a cabo.
Habilidad manual
Esta característica, que también podríamos haber incluido entre las personales, considero que tiene en esta categoría una mayor relevancia. La destreza manual del profesor será necesaria en muchos momentos en el aula.
Independientemente de que al maestro no se le vaya a formar muy explícitamente en este sentido a lo largo de sus estudios de magisterio, lo que está claro es que es un rasgo que se puede mejorar y/o aprender con la práctica. La habilidad manual es mucho más importante para la formación integral de los niños de lo que se pueda suponer. En el futuro, estos niños necesitarán este tipo de destreza para muchas carreras o profesiones; desde médicos cirujanos, arquitectos, restauradores de arte, artistas o investigadores, hasta artesanos o mecánicos en todas sus especialidades.
Considero que, aunque no es imprescindible que el maestro sea un “artista”, sí es necesario que tenga un nivel mínimo y suficiente de destreza para ayudar y formar adecuadamente a los niños en sus diversas manualidades, dibujos, troquelados, recortables, modelados, etc.
…Si además esta habilidad va acompañada de sensibilidad artística, mejor que mejor.
Capacidad de organización y planificación
Estamos ante otro rasgo fundamental. Desde el punto de vista de lo que hay que transmitir a los alumnos, el orden y la organización es algo que también se puede educar desde el aula, aunque sea un tema en el que la educación paterna, en el propio hogar de los niños, sea más eficaz. Pero, ante todo, estas características son imprescindibles para la labor docente diaria de los maestros en el aula.
El maestro va a tener que pasar de una materia a otra varias veces a lo largo de una jornada, y lo tiene que hacer de forma organizada. Y no estoy hablando sólo del horario, que es algo bastante fácil de llevar y asimilar por los niños, sino de las adecuadas transiciones, y a veces relaciones, entre contenidos. A una determinada actividad de conocimiento del medio, con una lectura sobre un tema interesante, se le puede sacar mucho partido también desde el punto de vista del lenguaje, haciendo ver a los niños la importancia práctica de dicha relación, justificando así la conveniencia de una enseñanza globalizada en educación primaria.
Y por supuesto, la planificación de las diversas actividades, así como la organización de las unidades didácticas, serán labores tan importantes como habituales en la clase, como para que el maestro ponga en ellas todo su empeño y conocimiento.
Observador-orientador
Vinculo también estos dos rasgos porque uno ha de llevar necesariamente al otro. El maestro va a tener que estar preparado para facilitar la comunicación interpersonal, tanto la suya propia con los alumnos, como la de los alumnos entre sí. Pero se van a dar muchas situaciones y casos donde esto no será precisamente sencillo.
Las personalidades de los niños van a ser dispares. Va a haber casos obvios en los que el maestro vea claramente su necesidad de intervenir y aplicar sus habilidades orientadoras y de consejo, que contribuyan a mejorar el clima en el aula para que el proceso de enseñanza- aprendizaje fluya con normalidad, y con vistas también a una completa formación individual y social de los alumnos. …Pero va a haber muchos términos medios, casos que no serán tan fáciles de detectar y que perfectamente podrían pasar desapercibidos, con los consecuentes problemas a nivel formativo para los niños afectados. Y es aquí donde el maestro va a tener que saber observar y ser perspicaz. Ha de ser, sin duda, un gran observador para evitar que “se le escapen” este tipo de situaciones.
Capacidad de evaluación
Va a ser ésta la que más le comprometa. El trabajo se ha hecho o se va haciendo cada día y toca evaluar los contenidos, y ha de tener un margen importante entre la objetividad y su contacto y cercanía con los alumnos.
La evaluación no tiene que pecar ni de ser muy rígida ni muy blanda; ha de ser eficaz. El niño ha de saber cuándo lo ha hecho mal, pero hay que saberle motivar para buscar su mejoría, y no frustrarle en exceso mientras haya margen de corrección. También nos encontramos con un problema en el caso contrario.
Hay niños que se les “va pasando de curso” y llegan a la E.S.O. rozando casi el analfabetismo. Es cierto que en este tipo de situaciones más extremas entran diversidad de factores, sobre todo cuando el docente se encuentra con el problema en el último curso, cuando el margen de maniobra es prácticamente nulo; pero el maestro ha de intentar imponer su criterio evaluador en la medida de lo posible.
Motivador
Antes hablaba de que hay que saber motivar a los niños, especialmente si sus resultados académicos no son buenos. Estamos ante otro rasgo, cuando se posee, que da muestras de buena profesionalidad por parte de los maestros. Lo considero tan importante o más que cualquiera de los anteriores. El maestro no se debe limitar a evaluar y “dar batallas por perdidas”, sino que se debe esforzar al máximo y jugar todas sus bazas para intentar motivar a sus alumnos y levantar la seguridad en sí mismos.
La observación, mencionada atrás, también tiene mucho que ver en este sentido, pues es preferible no tener que esperar a la evaluación para detectar cuándo una posible sobre-motivación va a ser necesaria, y para ello hay que saber observar y detectar.
Pero esta motivación, no hay que reservarla para los momentos o situaciones de “crisis”. La motivación, al igual que la evaluación ha de ser continua. El maestro debe buscar los argumentos necesarios para que los niños vayan motivados todos los días a clase, y tal vez sea éste su mayor reto.
Responsabilidad
Para terminar, hay que destacar este rasgo, tanto personal como profesional que un maestro debe tener. La responsabilidad no es precisamente un rasgo exclusivo que deba tener el maestro, sino que debería ser común a la totalidad de la vida, en lo personal, y a la totalidad de las profesiones. Pero vuelvo a mencionar algo de lo que hablaba al principio, y es que el maestro trabaja con niños, y si la responsabilidad es siempre importante, en este caso mucho más.
En resumen, un maestro responsable sabrá que tiene que ser puntual, paciente, se entusiasmará con su trabajo, se formará continuamente, se preocupará constantemente de motivar a sus alumnos y de evaluarlos con la cabeza y con el corazón, buscando siempre lo mejor para ellos y su futuro.
La palabra pedagogía tiene su origen en el griego antiguo
paidagogós. Este término estaba compuesto por paidos (“niño”) y gogía (“conducir”
o “llevar”). Por lo tanto, el concepto hacía referencia al esclavo que llevaba
a los niños a la escuela.
En la actualidad, la pedagogía es el conjunto de los saberes
que están orientados hacia la educación, entendida como un fenómeno que
pertenece intrínsecamente a la especie humana y que se desarrolla de manera
social.
La pedagogía, por lo tanto, es una ciencia aplicada con
características psicosociales que tiene la educación como principal interés de
estudio.
En este aspecto es tan importante la mencionada disciplina
que desde hace algunos años en todos los centros educativos públicos que forman
parte de la Red de Enseñanza de España existe un pedagogo o pedagoga que no
sólo se encarga de respaldar el trabajo de los profesores sino que también
ayuda a los alumnos que lo necesitan en determinadas áreas.
Más concretamente esta figura tiene en cualquier escuela o
instituto unas funciones claramente delimitadas como son las siguientes:
servicio de orientación y organización escolar, programación de metodologías
específicas, asesoramiento al profesor, elaboración de terapias específicas,
técnicas de estudio, diagnóstico del docente…
Es importante destacar que la pedagogía se nutre de los
aportes de diversas ciencias y disciplinas, como la antropología, la
psicología, la filosofía, la medicina y la sociología.
De todas formas, cabe destacar que hay autores que sostienen
que la pedagogía no es una ciencia, sino que es un arte o un tipo de
conocimiento.
Muchos han sido los pedagogos que a lo largo de la historia
han planteado sus teorías acerca de la educación, no obstante, entre todos
ellos destacan figuras como la de Paulo Freire. Este fue un educador de origen
brasileño que se ha convertido en un referente dentro de esta citada ciencia.
En concreto, él estableció una serie de veinte máximas
fundamentales en el ámbito de la Pedagogía bajo su punto de vista. Nos estamos
refiriendo, por ejemplo, a que enseñar exige siempre saber escuchar, que todos
siempre aprendemos, o que estudiar no es un proceso mediante el cual se
consumen ideas sino que estudiar es crear precisamente esas citadas ideas.
No obstante, junto a dicha figura habría que destacar la de
otros muchos compañeros que como él han expuesto sus teorías y visiones acerca
de esta ciencia basada en la educación. Este sería el caso de Robert Gagné,
Jürgen Habermas o Iván Petrovich Pavlov.
La pedagogía puede ser categorizada de acuerdo a diversos
criterios. Suele hablarse de la pedagogía general (vinculada a aquello más
amplio dentro del ámbito de la educación) o de pedagogías específicas
(desarrolladas en distintas estructuras de conocimiento según los
acontecimientos percibidos a lo largo de la historia).
Es importante distinguir entre la pedagogía como la ciencia
que estudia la educación y la didáctica como la disciplina o el grupo de
técnicas que favorecen el aprendizaje. Así puede decirse que la didáctica es
apenas una disciplina que forma parte de una dimensión más amplia como la
pedagogía.
La pedagogía también ha sido vinculada con la andrología,
que es la disciplina de la educación que se dedica de formar al ser humano de
manera permanente, en todas las etapas de desarrollo de acuerdo a sus vivencias
sociales y culturales.
Se conoce como álgebra a la zona de las matemáticas
responsable de la investigación de las estructuras, relaciones y cantidades. En
el álgebra y a diferencia de la aritmética que sí usa números, se sustituye a
estos por símbolos, por varias cuestiones, primero porque así será más fácil la
formulación de leyes generales de aritmética, por ejemplo a+b = b+a, segundo
porque permitirá referirse a números desconocidos, formular ecuaciones y
estudiar cómo resolverlas y finalmente porque los símbolos son más funcionales
a la hora de formular relaciones funcionales, valga la redundancia.
Por otro lado, las estructuras algebraicas son un conjunto
de elementos que ostentan unas propiedades operacionales determinadas, en
tanto, lo que definirá la estructura son aquellas operaciones que se pueden
realizar con los elementos que conforman dicho conjunto y las propiedades
matemáticos que esas operaciones suponen. Entre las estructuras algebraicas más
comunes podemos citar: el grupo, anillo, cuerpo, monoide, espacio vectorial,
módulo, entre otros.
Como dijimos más arriba, el álgebra hace uso de diversos
signos y símbolos que por supuesto, dentro del contexto algebraico, tendrán un
determinado sentido. Por ejemplo, el signo + expresa adición y es usado para
expresar operaciones binarias, las primeras letras del abecedario para expresar
cantidades conocidas, en tanto, las últimas letras sirven, por el contrario,
para hacer referencia a las incógnitas, la letra n se sabe se utilizará cuando
se quiera expresar cualquier cantidad y la c o la k para hacer referencia a
términos constantes, entre otros.
El aprendizaje es un proceso de adquisición de habilidades y
conocimientos, que se produce a través de la enseñanza, la experiencia o el
estudio. Respecto al estudio, puede decirse que es el esfuerzo o trabajo que
una persona emplea para aprender algo.
Por otra parte, una técnica es un procedimiento cuyo
objetivo es la obtención de un cierto resultado. Supone un conjunto de normas y
reglas que se utilizan como medio para alcanzar un fin.
Por lo tanto, una técnica de estudio es una herramienta para
facilitar el estudio y mejorar sus logros. Los especialistas afirman que la
técnica de estudio requiere de una actitud activa, donde quien estudia asuma su
protagonismo y supere la pasividad.
Existen distintas técnicas de estudio. Por ejemplo, la
síntesis es un resumen de lo escrito por algún autor, pero con otras palabras.
Se recomienda leer párrafos completos para determinar cuáles son los contenidos
esenciales y reescribirlos, sin que se pierdan las conexiones entre las ideas
principales del autor.
Las notas al pie de página o marginales también forman parte
de las técnicas de estudio. El sujeto que está estudiando puede anotar palabras
claves o realizar una síntesis de lo leído. Otra posibilidad es acudir al subrayado
de las ideas principales.
Un aspecto a tener en cuenta a la hora de comenzar a
desarrollar una técnica de estudio es el espacio físico donde se encuentra el
estudiante. Es importante que sea luminoso, que cuente con buena ventilación y
que no haya un ruido excesivo. Tampoco deben olvidarse los materiales
necesarios para el estudio, como los libros de texto, papeles, marcadores y
bolígrafos.
En el caso del estudio de idiomas extranjeros, existen
infinidad de mitos acerca de cuáles son los mejores métodos para aprender y
desenvolverse con soltura. En primer lugar, es importante entender y aceptar
desde el comienzo que no es posible incorporar decenas de palabras nuevas por
sesión; algunos profesores aseguran que en el mejor de los casos tan sólo se
logra recordar un 20 por ciento de lo aprendido en una clase, sin necesidad de
repasarlo. Claro que en general, si se toman en cuenta factores como el
cansancio y los problemas personales, el porcentaje es considerablemente más
bajo.
Muchos asocian el concepto de estudio con la lectura y la
memorización, y la práctica demuestra que el mejor camino consiste en la
combinación de diferentes técnicas y medios. Continuando con las lenguas
extranjeras, resulta extremadamente útil acompañar las lecciones de los libros
de texto con películas, música y video-juegos. Justamente es a través de los
gustos personales que se logra interiorizar un idioma de manera infalible, dado
que se convierte en una herramienta indispensable para el ocio, y es ahí cuando
el estudiante deja de asociar los contenidos con el aburrimiento.
En este vídeo se muestran varias técnicas de estudio:
Las flores son las estructuras encargadas de la reproducción en algunos vegetales. En estas formaciones vegetales se producen, a través de una reproducción sexual, los frutos que contienen las semillas. Hay una gran variedad de flores teniendo en cuenta tamaños, formas y colores, pero son en general portadoras de la misma finalidad reproductiva y se valen para ello de unos mismos elementos.
Puede decirse que las flores son una suerte de rama modificada. Considerando las partes desde la base de una flor hasta su extremo nos encontramos con las siguientes partes: los sépalos, que envuelven en un primer momento las hojas mientras estas se desarrollan, cuando solo forman un capullo; los pétalos, que forman la corola y que constituyen en general hojas con colores atrayentes para los agentes capaces de llevar a cabo la polinización; los estambres, que en su conjunto conforman el androceo y que portan los órganos masculinos residentes en las anteras; y finalmente, los carpelos, que contienen los órganos femeninos de los que se formarán las semillas una vez que la fecundación se concrete. Por lo general las flores crecen en un grupo organizado denominado inflorescencia, aunque por supuesto es posible encontrar flores solitarias o en pareja. Puede darse también el caso de que las flores crezcan de manera tan junta que den la impresión de ser una sola flor, a la que se llama psudanto; un ejemplo de esta circunstancia lo ofrecen las margaritas, que consisten en una serie de flores creciendo juntas.
La polinización suele llevarse a cabo por agua, viento, animales e insectos. Cada tipo de flor suele especializarse en uno de estos agentes. Esta situación tiene como finalidad la eficiencia y constancia en la polinización.
Para finalizar, cabe recordar que las flores siempre han tenido en las diversas culturas del hombre una función decorativa. No debe sorprender que los rasgos llamativos que desarrollaron para cumplir con su función reproductiva hayan sido considerados bellos incluso para el hombre.